19 junio, 2021

La COVID-19 empeora vulnerabilidades financieras

De la misma manera en que la COVID-19 golpea con más dureza a las personas que ya sufrían problemas de salud, la crisis económica desencadenada por la pandemia está sacando a relucir y agudizando vulnerabilidades financieras que se acumularon durante una década de volatilidad y tasas de interés extremadamente bajas.

En los capítulos 2 a 4 del Informe sobre la estabilidad financiera mundial (informe GFSR, por sus siglas en inglés), que acabamos de publicar, nos centramos en tres puntos potencialmente débiles: los segmentos riesgosos de los mercados internacionales de crédito, los mercados emergentes y los bancos. Si la contracción económica en curso se prolonga o se ahonda más de lo previsto, el deterioro resultante de las condiciones financieras podría verse amplificado por estas vulnerabilidades, provocando más inestabilidad o incluso una crisis financiera.

Mercados de crédito empresarial riesgoso

Los segmentos riesgosos de los mercados de crédito crecieron con rapidez desde la crisis financiera mundial. Entre las posibles fragilidades cabe mencionar el deterioro de la calidad del crédito, una evaluación menos estricta del crédito, riesgos de liquidez en los fondos de inversión y una interconexión más estrecha.

Del lado positivo, nuestro análisis muestra que en estos mercados los inversionistas no recurren tanto al endeudamiento para financiarse y que los bancos no están tan expuestos al apalancamiento y a los bonos de alto rendimiento como en el pasado. Ambos factores contribuyeron a la crisis financiera mundial de hace una década. El riesgo de pánico entre los inversionistas también ha disminuido en algunos segmentos debido a la preponderancia de capital cautivo a largo plazo en los mercados de deuda privada y de obligaciones de préstamo garantizadas.

En un escenario muy desfavorable, las pérdidas bancarias globales ocurridas en los mercados de crédito empresarial riesgoso deberían ser manejables, aunque podrían resultar sustanciales en el caso de algunos bancos grandes. Sin embargo, las pérdidas en las instituciones financieras no bancarias podrían ser más significativas. Como han tenido un papel más preponderante en estos mercados, esas entidades podrían perjudicar el suministro de crédito y prolongar y agravar la recesión.

Las autoridades deberían actuar con firmeza para contener las secuelas de la COVID-19 y apuntalar el flujo de crédito a las empresas. En apenas un par de meses, hasta fines de marzo, los precios en los mercados de crédito riesgoso retrocedieron alrededor de dos tercios de la caída sufrida durante la totalidad de la crisis financiera mundial (aunque parte de esas pérdidas se han revertido). Al mismo tiempo, la interconexión entre los mercados de crédito riesgoso probablemente haya contribuido a la turbulencia en los mercados. La demanda generalizada de efectivo ha desencadenado presiones de venta, y los fondos comunes de inversión han experimentado grandes salidas de capitales (que, sin embargo, luego disminuyeron o se revirtieron). Los reguladores deberían alentar a los gestores de activos a actuar con prudencia y recurrir a todas las herramientas de gestión de la liquidez para hacer frente a esos riesgos.

Una vez superada la crisis, debería efectuarse una evaluación exhaustiva de las fuentes de las perturbaciones del mercado y de las vulnerabilidades subyacentes que hayan salido a relucir. Por ejemplo, las autoridades deberían determinar si corresponde incluir instituciones no bancarias dentro del perímetro de regulación y supervisión, teniendo en cuenta que desempeñan un papel más importante en los mercados de crédito riesgoso. En particular, se debería crear un marco para la regulación macroprudencial de las instituciones no bancarias, teniendo en cuenta el alcance mundial de estos mercados, y se deberían ampliar las herramientas macroprudenciales.

Cómo controlar flujos de cartera volátiles

Desde el comienzo de la pandemia, los mercados emergentes han experimentado salidas de capital de más de USD 100.000 millones, casi el doble (en relación con el PIB) de las registradas durante la crisis financiera mundial. Aunque el volumen de las salidas de capitales ha disminuido, este vuelco drástico pone de relieve la dificultad de controlar flujos de cartera volátiles y los riesgos que esto acarrea para la estabilidad financiera.

 

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